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Educación y felicidad

Lunes 08 de Abril, 2024
Compartimos la columna de Gerardo Boetsch Hevia, Delegado Episcopal para la Educación y la Cultura del Arzobispado de Santiago, que ha sido publicada en Acción Colectiva por la Educación

 

Al inicio de este año escolar me gustaría consignar un hecho de la vida real, que pudo suceder en cualquiera de los colegios que acompañamos desde el Arzobispado de Santiago. El día 20 de marzo, durante la hora de colación, se encontraron colegas docentes en el casino. Como solía darse, los temas de conversación eran triviales y misceláneos. En eso llegó una colega rezagada con su almuerzo en tupper. De manera muy alegre saludó a todos, con un ánimo más efusivo que otras veces. “Feliz día de la felicidad”, dijo a todos sin esperar respuesta. Los de la mesa quedaron sorprendidos. Unos por el saludo y otros por enterarse de aquella feliz efeméride.

Fue así como “la felicidad” pasó a ser el tema central. Mientras se calentaba el guiso de la autora del saludo, otro se puso a buscar en su móvil dicha información. Efectivamente, en el año 2012 la ONU instauró el Día Mundial de la Felicidad para promover que los países asociados desarrollen políticas en beneficio del bienestar de sus ciudadanos. Otro de los comensales encontró que el ejemplo de esta iniciativa había surgido del reino de Bután, nación que desde principios de la década de 1970 reconoce el valor de la felicidad nacional por sobre el PIB.

Otro de los colegas buscó en su móvil cómo se mide la felicidad, contándole a sus compañeros algunos detalles respecto de tales estándares. De paso se hizo un breve análisis del significado que pueden tener estos indicadores para la vida cotidiana de las personas. Otro buscó el ranking de los países según su índice de felicidad, descubriendo que Chile ocupa el puesto número 38 del mundo y el tercero a nivel latinoamericano, después de Costa Rica y Uruguay. También de esta información se dieron algunos detalles.

Mientras se combinaban los aromas y se compartían las ensaladas, la conversación sobre la felicidad tomó otro rumbo, más existencial, con breves silencios, tal vez para asomarse a la percepción y estado de la propia felicidad. Algunas opiniones de la mesa pasaron de la información técnica a cuestiones más actitudinales, pues se trata de un estado del alma que no se puede medir. Y así, por esta vía se llegó nuevamente al valor que tiene la educación, cayendo en la cuenta de que la palabra “felicidad” no figura en el proyecto educativo de ese colegio. Se insinuó un tímido propósito de llevar este tema a una instancia más decisional.

Entre el postre y la sobremesa, alguien pronunció la típica frase “todos los días se aprende algo nuevo”. El acuerdo fue unánime y la despedida fue agradecida.

De esta experiencia real se pueden confirmar algunas ideas claves para este año: siempre hay alguien que marca la diferencia con alguna idea movilizadora; el aprendizaje es un acto solidario con efectos transformadores; las oportunidades para el aprendizaje se pueden dar en cualquier lugar y momento; los contextos emocionalmente favorables son claves en el buen desarrollo de relaciones educativas y toda educación es, en sí misma, una acción colectiva.

Gerardo Boetsch HeviaDelegado Episcopal para la Educación y la CulturaArzobispado de Santiago

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