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Aportes desde la Escuela Católica para la comprensión integral de la calidad educativa

Lunes 15 de Abril, 2024
La educación católica lleva varios años impulsando una mirada integral bajo una propuesta que equilibra los ámbitos académicos y formativos, procurando que la formación de los estudiantes se sustente en la calidad de las relaciones, con ellos mismos, con su entorno, con la comunidad, y con Dios

El modo en que comprendemos la calidad educativa ha variado durante los años, siendo predominante el enfoque centrado en determinados estándares de aprendizaje en asignaturas específicas. Dentro de esta perspectiva, el SIMCE, en cuanto instrumento y también como hito, ha marcado la pauta de los últimos años al momento de hablar sobre calidad, sea para mejorar su implementación o para criticar la simplificación de la medición, o para evidenciar la falta de pertinencia que invisibiliza los elementos distintivos de cada comunidad y las trayectorias de los estudiantes. No obstante, las mediciones complementarias adquieren cada vez mayor relevancia y permiten comprender el efecto en los resultados académicos pero también evidenciar elementos que den cuenta integralmente de la calidad educativa.

En este escenario, la educación católica, desde un espíritu de colaboración hacia la mejora continua de los procesos formativos, puede aportar con diversos elementos que posibilitan avanzar hacia una comprensión más amplia de la calidad que responda al sentido de integralidad de las personas, particularmente al relacionar la calidad y excelencia con la inclusión, la pertinencia a las realidades educativas y la formación orientada al desarrollo pleno de la persona.

Frente a la mayor relevancia de mediciones no académicas, se identifica que ya desde los 80 evaluaciones como el PER (Programa de Evaluación del Rendimiento Escolar), posteriormente los estimadores de calidad educativa con el SIMCE en los 90, y algunos indicadores en la asignación SEP, existía una preocupación de abordar la complejidad de la temática. Sería luego de la Ley General de Educación (2009) y de la Ley del Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad en Educación (2011), que efectivamente se establece una comprensión integral de modo sistémico, una visión que ha sido reforzada en los últimos años con mediciones sobre el bienestar subjetivo, las habilidades sociales y emocionales, destacando particularmente luego de la pandemia el Diagnóstico Integral de Aprendizajes (DIA). (Oyarzun y Falabella, 2022)

La educación católica lleva varios años impulsando una mirada integral bajo una propuesta que equilibra los ámbitos académicos y formativos, procurando que la formación de los estudiantes se sustente en la calidad de las relaciones, con ellos mismos, con su entorno, con la comunidad, y con Dios (VED, 2020). Ninguno de estos ámbitos es excluyente a los credos o situación confesional de quienes componen la comunidad educativa.

Específicamente, la Congregación para la Educación Católica ha señalado (2014) que la calidad, tanto en una escuela como en educación superior, debe considerar: respeto por la dignidad y unicidad de cada persona, ofrecer oportunidades para el desarrollo de capacidades, un equilibrio entre las distintas dimensiones de la persona, fomentar la cooperación y solidaridad, compromiso con la verdad, respetar las ideas y dialogar en espíritu de colaboración y libertad.

Comprender la calidad de manera integral no se trata de los indicadores o mediciones, mucho menos de reemplazar instrumentos por otros. Más bien, trata sobre cuáles son los propósitos que se buscan con la formación integral, particularmente en los procesos y experiencias educativas, un sentido que adquiere cada vez mayor resonancia. Desde esta mirada, el aporte e invitación de la educación católica es a comprender que la excelencia no es sólo académica, también es formativa, orientada hacia la felicidad y al bien común, como expresión de amor, responsabilidad y compromiso con las necesidades de las personas y el mundo (VED, 2020).

Un elemento central dentro de la propuesta católica, es cómo la formación integral permite la apertura a la trascendencia, es decir, cómo los y las estudiantes logran interiorizar gradual y comprensivamente la totalidad del orden, desplegando su libertad de manera correcta hacia el encuentro con otro y otros.

Tal como se mencionó, no se trata de reemplazar unos instrumentos por otros, sino de renovar las formas de aproximarse a la realidad, y en concreto, a la realidad de cada comunidad educativa. Ejemplo de ello pueden ser los resultados del último SIMCE, al mirar por una parte los IDPS (Indicadores de Desarrollo Personal y Social), pero también las trayectorias que se han desarrollado.

Para lo anterior, si se tiene en cuenta los resultados obtenidos por los establecimientos de las redes educativas del Arzobispado de Santiago susceptibles de esta medición, es posible visualizar la calidad más allá de los puntajes obtenidos en lenguaje o matemática, donde el promedio de los 37 colegios es cercano al promedio nacional, y encontrar elementos claves en la variación de los estándares de aprendizaje, en el efecto de los IDPS sobre los resultados y cómo dan cuenta de los procesos formativos.

Al respecto, de estos 37 colegios vinculados al Arzobispado, 28 (75%) subieron su puntaje en lenguaje y 26 (70%) en matemáticas para cuarto básico. En el caso de segundo medio, 24 de 38 (63%) subieron en lenguaje y 21 lo hicieron (55%) en matemáticas.

La Agencia de Calidad de la Educación (2015) evidenció hace algunos años la importancia del indicador de Clima de Convivencia Escolar como uno de los que incide con mayor fuerza en los resultados. Por ejemplo, en cuarto básico se aprecia que de los 28 colegios que suben en lenguaje, 19 tienen un aumento en dicho indicador, de similar forma ocurrió con 24 de los 26 que subieron en matemática. 

Por último, focalizado en la recuperación de aprendizajes post pandemia es relevante indicar que 26 de 37 establecimientos lograron un aumento en el nivel adecuado de los estándares de aprendizaje para ambas asignaturas.

La mención de estas cifras posibilita alejar un análisis inicial centrado en la comparación con el promedio nacional y profundizar en las fortalezas de diversas comunidades educativas. Muestra de ello, es que en cuarto básico 20 colegios correspondientes al grupo socioeconómico bajo lograron un aumento en matemática y 21 en lenguaje, con aumentos sobre los 20 puntos en diversos casos. 

El desafío que grafican estas cifras, que se espera poder profundizar luego de la entrega de bases a fines de abril, es cómo los resultados en cada asignatura e IDPS están al servicio de las dimensiones formativas de cada persona, siendo el clima de convivencia por ejemplo, una herramienta para abordar la dimensión colectiva y comunitaria, o cómo posicionar el impacto de los liderazgos, desde el servicio, al momento de dar cuenta de la dimensión de relación con el mundo.

Siguiendo las palabras del Papa Francisco, la educación y por ende el modo en que comprendemos la calidad, exige trabajar de manera simultánea la integración de diversos lenguajes que nos constituyen como personas [...] integrar y armonizar el intelecto, los afectos y las manos. (2018)

 

Ginés Alvarado Navarro
Área de Incidencia y Estudios


 

Referencias:

 

  • Agencia de Calidad de la Educación (2015). Factores asociados a resultados SIMCE e indicadores de desarrollo personal y social. Santiago

  • Congregación para la Educación Católica (2014) Educar hoy y mañana, una pasión que se renueva. Ciudad del Vaticano.

  • Francisco (2018) Discurso en la visita a la Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago

  • Oyarzún Vargas, G., & Falabella, A. (2022). Indicadores de Desarrollo Personal y Social: La ilusión de la evaluación integral de la calidad. Psicoperspectivas, 21(1).

  • Vicaría para la Educación (2020). Un Modelo para la Escuela Católica: Principios, enfoques y herramientas. Santiago.

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